El escándalo de Maria Bueno en Wimbledon: un destello de rebeldía en 1966
Cambio Global


Un regreso polémico
Era un caluroso día de verano en 1962 cuando Maria Bueno volvió a las canchas de Wimbledon tras una lesión. Su vestido blanco, aparentemente acorde a la tradición del All England Club, ocultaba un secreto que pronto desataría un escándalo: el forro era de un vibrante color rosa, al igual que su ropa interior. La sorpresa fue tal que, al momento de sacar, un murmullo de asombro recorrió la pista central, sorprendiendo incluso a aquellos que no estaban al tanto de su atrevida elección.
Según Sunita Kumar Nair, autora del libro "Ace: The Times & Style of Tennis", este incidente generó un gran revuelo en el torneo. Años después, Bueno recordaría cómo el escándalo no solo fue por el color de su atuendo, sino por lo que representaba en un contexto de cambios sociales. La tenista también mencionó que, tras este episodio, usó una prenda que imitaba los colores del club, lo que provocó la indignación de los organizadores y la posterior implementación de la norma que exigía vestimenta completamente blanca.
La resistencia al cambio
La prohibición de la vestimenta de color en Wimbledon, que se remonta a su fundación en 1877, reflejaba una tradición conservadora que se mantenía a lo largo de los años. El diseño de Bueno, creado por Ted Tinling, se convirtió en el catalizador para una normativa más estricta. Rob Lake, historiador del tenis, señala que el All England Club era percibido como una organización que desaprobaba cualquier cambio social que desafiara el orden establecido, especialmente en un período de transformación cultural como el de la década de 1960.
La controversia en torno a Maria Bueno y su atuendo en Wimbledon ilustró no solo la rigidez de las normas del club, sino también la lucha de las mujeres por expresarse y ser reconocidas en un deporte dominado por hombres. Este episodio no solo marcó un momento clave en la historia de Wimbledon, sino que también abrió la puerta a un futuro donde la vestimenta y la autoexpresión podrían coexistir en el mundo del tenis.

