El creciente comercio de hormigas africanas y su impacto en el ecosistema

El tráfico de hormigas africanas hacia Europa está en aumento, generando un interés particular entre los aficionados. Sin embargo, este negocio plantea serios riesgos para los ecosistemas y podría tener repercusiones inesperadas en la infraestructura eléctrica.
Mundo30/07/2026Cambio GlobalCambio Global

Un comercio en la mira de la justicia

En los tribunales de Kenia, las pruebas poco convencionales son cada vez más comunes: miles de hormigas encapsuladas en pequeñas cápsulas. Desde 2025, la Autoridad de Protección de la Fauna Silvestre de Kenia ha incautado grandes cantidades de Messor cephalotes, conocidas como hormigas cosechadoras gigantes africanas, durante controles de equipaje. Esta especie, que se encuentra entre las más grandes del mundo, es altamente valorada en el mercado, alcanzando precios superiores a los 200 euros por reina.

A pesar de que la exportación de fauna silvestre está prohibida en Kenia, el contrabando sigue en aumento. La legislación se ha endurecido para combatir esta práctica, especialmente por el impacto ecológico que conlleva. En un caso reciente, un ciudadano chino fue condenado a un año de prisión por intentar exportar hormigas, en un esfuerzo por disuadir a otros de participar en este negocio ilícito.

La fascinación por las hormigas como mascotas

En Europa, la tendencia de tener hormigas como mascotas ha crecido, especialmente entre los jóvenes. Estas criaturas se mantienen en terrarios donde las reinas pueden reproducirse y establecer nuevas colonias. Michael Meier, un entusiasta de esta afición, reconoce que las hormigas son una opción atractiva debido a su bajo mantenimiento y la posibilidad de disfrutarlas durante todo el año, lo que ha llevado a un aumento en la demanda de especies exóticas que no hibernan.

Sin embargo, este comercio no está exento de consecuencias. La introducción de colonias de hormigas africanas en nuevos entornos puede alterar ecosistemas locales y, en algunos casos, provocar interrupciones en servicios esenciales como la electricidad. La comunidad científica y ambientalista pide urgentemente una regulación más estricta para mitigar los riesgos asociados a este lucrativo pero dañino negocio.