Trump y Putin alcanzan un acuerdo para el suministro de diésel ruso

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un acuerdo con Vladimir Putin para importar 300.000 toneladas de diésel ruso, a pesar de las sanciones impuestas a Rusia por la Ley Lindsey Graham. Esta decisión ha generado críticas incluso entre sus aliados republicanos.
Mundo13/10/2026Cambio GlobalCambio Global

Menos de tres semanas después de la promulgación de la Ley Lindsey Graham, que establece aranceles y sanciones a los países que comercien con productos energéticos y exportaciones críticas de Rusia, el presidente Donald Trump ha introducido una excepción a esta normativa. En un anuncio reciente, Trump reveló un acuerdo con el presidente ruso Vladimir Putin para el suministro inicial de 300.000 toneladas de diésel ruso. Esta decisión ha suscitado interrogantes sobre las razones detrás de este cambio de postura, que ha sido rechazado por algunos de sus aliados en el Congreso, quienes consideran que contradice el espíritu de la ley.

En Estados Unidos, el precio promedio de un galón de diésel, esencial para el transporte pesado y la distribución de productos agrícolas, materiales, insumos y otros bienes de consumo, se situó en 6,28 dólares al 12 de octubre. En algunos estados, como California, el precio puede elevarse por encima de los 8 dólares. En septiembre, el costo alcanzó un máximo histórico de 6,53 dólares, según datos de todos los estados. Comparando con el año anterior, en esta misma época, el precio promedio era de 3,70 dólares por galón, según cifras de la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA). En febrero, justo antes del inicio del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el promedio era de 3,76 dólares.

Durante un programa de radio dirigido a la comunidad latina en La Mega 101.7 en Lehigh Valley, Pensilvania, un camionero contactó al conductor Víctor Martínez para compartir una perspectiva positiva sobre la situación actual: mencionó que podría disfrutar de vacaciones no planificadas, ya que pronto no podría costear el combustible para su vehículo debido al incremento de precios. Este aumento en el costo del diésel ha impactado las cadenas de suministro y, de manera directa, podría influir en las perspectivas de los republicanos en las próximas elecciones legislativas intermedias. En este contexto, los aliados de Trump podrían enfrentar dificultades y perder la exigua mayoría que mantienen en ambas cámaras, lo que podría tener repercusiones significativas en la política estadounidense.

El salvavidas que busca transformar la situación ha llegado de manera inesperada. El 9 de octubre, Donald Trump anunció un acuerdo para la adquisición de 300.000 toneladas de diésel a Rusia, afirmando que este suministro sería destinado tanto al mercado estadounidense como al global.

Menos de tres semanas antes, el 18 de septiembre, Trump había promulgado la llamada Ley Lindsey Graham, en honor al senador republicano que la promovió, quien falleció repentinamente antes de su aprobación. Esta ley establece aranceles y sanciones para los países que compren productos energéticos provenientes de Rusia.

La pregunta que surge es qué motivó este giro estratégico que ha llevado a Rusia a convertirse en un proveedor energético para el mismo país que, días antes, consideraba liberar licencias para que Ucrania, adversario de Moscú en el conflicto, pudiera fabricar sus propios misiles Patriot.

Estados Unidos consume diariamente alrededor de 3,6 millones de barriles de diésel, lo que equivale a 482.400 toneladas métricas de este combustible. Las 300.000 toneladas anunciadas en la primera fase del acuerdo con Rusia representan apenas un poco más de la mitad del consumo diario del país.

A pesar de esto, Trump ha insistido en resaltar las supuestas ventajas del acuerdo, mencionando que ofrecería “precios más bajos para los estadounidenses, especialmente para los grandes granjeros, rancheros y camioneros”, a quienes considera su “gran prioridad”.

Nelson Bandeon, consultor en geopolítica energética, comentó a France 24 que “el acuerdo puede contribuir a aliviar tensiones puntuales de mercado, pero no tiene por sí solo una escala suficiente para resolver la crisis mundial de combustible. Es una aspirina para curar un cáncer”.

Bandeon también destacó que “hay un problema de equilibrio mundial de energía severo. Las 300.000 toneladas iniciales equivalen solo a 2,2 millones de barriles de diésel. Es comercialmente relevante para determinados compradores, pero muy pequeña para el consumo mundial de este derivado. Incluso el objetivo final del acuerdo de 3 millones de toneladas solo equivaldría a 22 millones de barriles”.

Con el estrecho de Ormuz alejado de sus flujos de navegación habituales, el de Bab el-Mandeb bajo amenaza por los rebeldes hutíes, el acueducto Este-Oeste de Arabia Saudita sometido a hostilidades y las instalaciones energéticas de Rusia y Ucrania afectadas por ataques recíprocos, los inventarios globales de combustible han caído drásticamente, y el diésel no es una excepción a esta tendencia.

Según un experto, la decisión de Trump de recurrir a Rusia responde a una situación interna, pero también a un interés geopolítico: ofrecer a Moscú un incentivo para participar en negociaciones de paz con Kiev, una propuesta de campaña en la que el presidente estadounidense ha fracasado notablemente. “Son objetivos distintos que tienen limitaciones y riesgos. Para mí, la decisión tiene más una dimensión de política interna, que son las ‘midterms’”, en las que se busca presentar “el atractivo inmediato de incorporar grandes volúmenes adicionales de diésel a un mercado que enfrenta restricciones de suministro y precios muy elevados”.

El experto sostiene que Washington prioriza la disponibilidad potencial de un suministro a corto plazo, “sin que se eliminen los riesgos estructurales de depender de Rusia”. “El objetivo es poder decirle al votante ‘estoy haciendo todos los esfuerzos posibles para bajar el precio del diésel y tratar de reactivar las conversaciones de paz’ con la meta de mitigar el impacto en las elecciones de medio término”, concluye.

Sin embargo, esta estrategia podría acarrear un costo político para Trump. Una declaración conjunta de siete senadores, de los cuales cuatro son republicanos, ha cuestionado el acuerdo, argumentando que ofrece a “Putin un salvavidas financiero mientras Rusia continúa matando a civiles ucranianos”.

Para Bandeon, la efectividad del convenio depende de garantías de cumplimiento que Rusia no parece estar en condiciones de ofrecer. “Rusia puede ser un proveedor energético relevante a nivel mundial, su producción es enorme, al igual que su capacidad de refinación, a pesar de los ataques de Ucrania. Tiene una gran experiencia exportadora y la infraestructura necesaria para abastecer a mercados internacionales, pero esto no significa que sea un socio comercial o geopolíticamente confiable”, señala.

La confiabilidad en el suministro de diésel debe evaluarse con criterios objetivos. Es fundamental que se cumplan los contratos y, al mismo tiempo, se satisfagan las necesidades de abastecimiento interno. El diésel tiene una dimensión política; si llegara a escasear en Rusia, podría resultar complicado perder el apoyo interno, lo que hace que el equilibrio sea bastante delicado.

A pesar de contar con una capacidad industrial y una logística de exportación comprobadas, Rusia necesita demostrar que puede cumplir con los volúmenes y plazos que ha anunciado. Según Bandeon, es crucial diferenciar entre capacidad instalada, capacidad operativa y disponibilidad exportable. Una refinería puede tener una capacidad nominal alta, pero su producción puede estar por debajo de esa cifra debido a factores como bombardeos, mantenimientos periódicos o restricciones en los insumos necesarios para la producción. Además, una vez producido el diésel, es necesario equilibrar las exportaciones con las demandas del mercado interno.

El analista considera que se trata de “una flexibilización específica del acceso al mercado estadounidense”, más que de una solución al problema global de suministro energético. Si el diésel ruso se desvía de un comprador asiático hacia otro mercado, esto no necesariamente incrementa el suministro mundial, sino que simplemente cambia la distribución geográfica. La reducción de precios no implica automáticamente una recuperación de inventarios, ya que para construir existencias es necesario que la oferta disponible supere el consumo durante un periodo sostenido.

Bandeon señala que “el acuerdo no repara automáticamente las instalaciones dañadas, no elimina las restricciones de navegación, ni sustituye la capacidad de refinación perdida”. Este acuerdo se presenta como una herramienta de estabilización a muy corto plazo, de aproximadamente cuatro o cinco semanas, hasta que se realicen las elecciones de medio término, pero no representa una solución estructural a la crisis global.

Para cumplir con estos compromisos, Rusia deberá operar en un contexto de disponibilidad reducida de tanqueros a nivel mundial, con rutas de navegación comprometidas, costos elevados en las primas de seguros marítimos, ataques ucranianos a sus instalaciones energéticas y servicios financieros limitados debido a las sanciones.

Trump ha subrayado que el acuerdo busca restaurar los mercados globales, sin embargo, socios tradicionales como Europa y Canadá no han respondido de manera positiva a una iniciativa que contradice cuatro años de postura unificada respecto a la guerra en Ucrania. Bandeon advierte que “que Washington autorice determinadas operaciones no significa que Europa deba bonificar automáticamente sus políticas de sanciones”.

En este contexto, el Consejo Europeo ha aprobado recientemente un paquete de sanciones que incluye medidas adicionales dirigidas al sector energético ruso. Además, el experto señala que “es posible que una crisis prolongada de energía genere presiones para revisar determinadas restricciones comerciales”, aunque aclara que “no debe confundirse eso con una decisión europea de modificar sus sanciones energéticas y financieras”.

Bandeon destaca que Europa cuenta con alternativas que Estados Unidos ha dejado de lado, tales como el uso de inventarios de reserva, el ajuste de la demanda, la implementación de energías alternativas o la diversificación de proveedores. “Una crisis energética puede aumentar el pragmatismo comercial, pero no necesariamente produce una convergencia geopolítica”, concluye.

Por otro lado, Rusia podría beneficiarse de esta situación, aunque las advertencias de Volodímir Zelenski indican que las exportaciones a Estados Unidos podrían utilizarse para financiar la guerra. El experto explica que “mayores ingresos brutos por venta no equivalen a mayores ingresos fiscales, porque en el proceso intervienen costos, descuentos, mecanismos tributarios”, pero el retorno de los volúmenes de productos rusos a mercados que antes estaban restringidos podría disminuir las tensiones comerciales y alterar las rutas internacionales de abastecimiento. Esto podría permitir a Rusia redibujar el mapa energético global.

Aún no está claro si esta dinámica favorecerá la percepción de Trump de cara a las elecciones de medio término o si ofrecerá incentivos para reactivar la vía diplomática en relación con Ucrania. Sin embargo, parece que Rusia podría haber ya cosechado beneficios en esta jugada, incluso sin haber despachado aún el primer barril.

Las elecciones de medio término en Estados Unidos, programadas para 2026, se desarrollan en un contexto marcado por la crisis energética global.

Este escenario se ve influenciado por la relación entre Donald Trump y Vladimir Putin, así como por la situación de crisis en Irán y el tráfico de petróleo a través del estrecho de Ormuz y el estrecho de Bab el-Mandeb.

Fuente original: France 24.