La estrategia antimigratoria de Trump enfrenta resistencia a días de las elecciones de medio término

A medida que se acercan las elecciones de medio término del 3 de noviembre, Donald Trump intensifica su retórica contra los inmigrantes para movilizar el voto republicano. Sin embargo, la violencia de los operativos y las consecuencias de las deportaciones generan rechazo en sectores clave, lo que podría perjudicar su campaña.
Mundo29/10/2026Cambio GlobalCambio Global

A pocos días de las elecciones de medio término, Donald Trump vuelve a centrar su discurso en la criminalización de los inmigrantes con el objetivo de movilizar a los votantes republicanos y evitar que los demócratas recuperen el control del Congreso. Sin embargo, la violencia asociada a los operativos, la muerte de ciudadanos estadounidenses y el impacto de las deportaciones están generando un creciente rechazo en sectores importantes, como los latinos y los votantes independientes. La política migratoria que había impulsado su regreso a la Casa Blanca en 2024 ahora se convierte en un posible lastre electoral.

La inmigración, que fue uno de los pilares de la campaña que llevó a Trump de nuevo a la Casa Blanca en 2024, ha pasado de ser una promesa electoral a un problema político. Durante su campaña, el entonces candidato republicano utilizó el aumento de los cruces irregulares que se registraron durante la presidencia de Joe Biden para presentar la situación en la frontera sur como una crisis de seguridad, responsabilizando a los demócratas de permitir lo que él describía como una invasión del país. Su discurso resonó con un segmento del electorado preocupado por el control de la frontera, la calidad de los servicios públicos y la delincuencia.

Trump prometió llevar a cabo deportaciones masivas y aseguró que expulsaría a los inmigrantes que, según su retórica, representaban una amenaza para la seguridad de los estadounidenses. En el transcurso de esa campaña, llegó a afirmar, sin presentar pruebas, que las personas de origen extranjero eran responsables de un aumento en la criminalidad, e incluso difundió acusaciones infundadas sobre ciudadanos que supuestamente se comían mascotas. Desde su regreso al poder, el presidente ha acelerado las detenciones y deportaciones, convirtiendo el endurecimiento de la política migratoria en una de las características distintivas de su administración.

Sin embargo, el escenario político ha cambiado. La imagen de una frontera desbordada ha sido reemplazada por escenas de agentes federales desplegados en ciudades estadounidenses, arrestos en espacios públicos, protestas y enfrentamientos. Este cambio ha alterado el costo político de la estrategia de Trump. Mientras que el control de la frontera le permitía presentarse como el líder capaz de restablecer el orden, las operaciones en el interior del país han puesto en tela de juicio los métodos utilizados para cumplir con sus promesas.

Según las encuestas mencionadas por la agencia de noticias estadounidense AP, se observa un deterioro en la percepción de la política migratoria del presidente, a pesar de que mantiene el respaldo de sectores que priorizan la seguridad en las fronteras. El reto que enfrentan los republicanos es conservar la credibilidad de su mensaje de mano dura sin quedar vinculados a tácticas que generan rechazo, incluso entre algunos votantes conservadores.

Minneapolis se ha convertido en un episodio crítico para la Administración. La movilización de más de 2.000 agentes federales, junto con las imágenes de funcionarios enmascarados y las protestas masivas, ha transformado las operaciones migratorias en un punto de conflicto a nivel nacional. Las muertes de Renee Good y Alex Pretti, dos ciudadanos estadounidenses de 37 años que perdieron la vida durante enfrentamientos con los agentes, han intensificado las críticas. Las grabaciones que se han difundido del tiroteo en el que murió Pretti han alimentado las dudas sobre el uso de la fuerza y la versión oficial de los acontecimientos. Como consecuencia, la Casa Blanca decidió apartar al comandante de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, y a la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.

El impacto político de estos incidentes trasciende la controversia de una operación específica. La ofensiva migratoria fue presentada como una campaña contra individuos considerados peligrosos; sin embargo, las imágenes de los operativos y las denuncias sobre la detención de trabajadores sin antecedentes penales han debilitado esta justificación ante una parte de la opinión pública.

El senador demócrata Chris Van Hollen, entre otros, ha denunciado lo que considera abusos a la Constitución y una política de deportaciones indiscriminadas. Por otro lado, los defensores de la estrategia de Trump argumentan que el presidente está enfrentando las consecuencias políticas de haber reducido los cruces irregulares y de haber cambiado el enfoque de la aplicación de la ley, trasladándolo desde la frontera hacia el interior del país.

Mark Krikorian, quien es el director ejecutivo del Center for Immigration Studies y un firme defensor de políticas migratorias restrictivas, señala que la disminución de la presión en la frontera podría tener un impacto negativo en las elecciones para el presidente. Según Krikorian, cuando la crisis migratoria deja de ser evidente en la frontera, los votantes comienzan a enfocarse más en las repercusiones de las medidas implementadas para abordar la situación. "Aquella turbulencia se desvaneció cuando el presidente Joe Biden endureció los controles migratorios y Trump los reforzó aún más. Ahora, el caos se encuentra en las calles estadounidenses", enfatizó.

La problemática ya no se limita a la cantidad de personas detenidas o deportadas, sino que se centra en cómo se realizan esas operaciones, a quiénes afectan y qué costos sociales y políticos implican. En este contexto, Trump ha continuado con un discurso agresivo hacia los inmigrantes, buscando movilizar a su base. Durante un reciente mitin en Kentucky, el presidente volvió a calificar a los inmigrantes que llegaron durante la administración de Biden como criminales y personas con problemas mentales. Además, advirtió que si los republicanos no ganan las elecciones del 3 de noviembre, estos inmigrantes podrían regresar al país. "Fue como una invasión militar y si ganan la elección de mitad de mandato lo volverán a hacer", afirmó, dirigiéndose a sus seguidores y haciendo referencia a los demócratas.

Trump también reiteró su apoyo a los agentes migratorios, a quienes calificó de "héroes", y defendió las deportaciones masivas, considerándolas como una tarea aún no finalizada. Este mensaje se enmarca dentro de una estrategia electoral bien definida: convertir las elecciones legislativas en un referendo sobre la situación en la frontera y presentar una posible victoria demócrata como un regreso a las políticas de Biden. El expresidente ha instado a sus seguidores a votar como si él mismo estuviera en las boletas, advirtiendo que una derrota republicana permitiría a sus oponentes revertir sus políticas.

La estrategia de Trump busca reavivar uno de los miedos que más contribuyeron a su éxito en 2024: la ansiedad por perder el control de la frontera. Además, intenta desviar la atención de las consecuencias de las operaciones migratorias —como las muertes, las denuncias de abusos y la separación de familias— hacia la posibilidad de que una mayoría demócrata facilite nuevas llegadas irregulares al país.

En Kentucky, el presidente unió sus críticas a los inmigrantes con reproches hacia los demócratas por la inflación, los costos de la energía y el déficit comercial. De esta manera, la inmigración se presenta como parte de un argumento más amplio que responsabiliza al opositor político tanto por el deterioro económico como por la inseguridad.

No obstante, esta asociación podría resultar menos efectiva si los votantes consideran que el Gobierno está utilizando el tema de la inmigración para desviar la atención de cuestiones como los precios, el empleo y otros problemas cotidianos. La insistencia en el mensaje de la invasión puede movilizar a la base republicana, pero también puede reforzar la percepción de que la Casa Blanca no ha ajustado su enfoque a los cambios en la opinión pública provocados por sus propias acciones.

Uno de los riesgos más importantes para Trump radica en el apoyo de los votantes latinos, cuyo respaldo fue clave para ampliar su coalición electoral en 2024. Según estimaciones del medio local 'Voice of America', alrededor del 43% de los electores hispanos votaron por Trump en ese año, en comparación con el 35% que lo hizo en 2020.

Este avance permitió a los republicanos ganar terreno entre un electorado diverso, que incluye tanto a ciudadanos nacidos en Estados Unidos como a inmigrantes naturalizados y familias con situaciones migratorias variadas. Las preocupaciones sobre la economía, la seguridad y el rechazo a la gestión fronteriza de Biden llevaron a algunos votantes latinos a apoyar al candidato republicano.

Sin embargo, la implementación de las promesas de Trump ha puesto a prueba esa relación. Muchos latinos residen en hogares donde algunos miembros son ciudadanos estadounidenses o residentes legales, mientras que otros no tienen un estatus migratorio regular. En estas familias, una redada o una deportación puede impactar en los ingresos, el cuidado de los hijos y la estabilidad del hogar en su conjunto, incluso cuando las personas detenidas no tienen antecedentes penales.

Los testimonios recopilados por AP en Arizona reflejan este desencanto. Sandra Ramírez, quien votó por Trump en 2024, expresó su arrepentimiento por su decisión al observar el acoso que, según ella, sufren las personas debido al color de su piel.

Albert Rodríguez, un tatuador de Phoenix que también apoyó al partido republicano, expresó su decepción al observar que los agentes de inmigración persiguen a trabajadores, como los vendedores ambulantes de helados, en lugar de enfocarse en detener a delincuentes. Estos testimonios no son suficientes por sí solos para evidenciar un cambio uniforme entre los votantes latinos, pero sí reflejan el riesgo que enfrenta el Partido Republicano: que una parte de aquellos que respaldaron a Trump por sus promesas en materia económica y de seguridad lleguen a la conclusión de que el costo humano de su política migratoria es excesivo.

El perfilamiento racial, la separación de familias y el temor a asistir al trabajo o a realizar trámites cotidianos pueden intensificar ese rechazo. Además, las repercusiones no se limitan únicamente a quienes no tienen documentos. Cuando los ciudadanos estadounidenses sienten que sus familiares, vecinos o compañeros de trabajo son tratados de manera injusta, la política migratoria deja de ser un debate abstracto sobre fronteras y se transforma en una experiencia personal.

El desgaste electoral no se atribuye únicamente a las imágenes de violencia. También está vinculado al costo de vida, que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los estadounidenses y un ámbito en el que Trump prometió resultados rápidos. La Administración ha defendido las deportaciones como un medio para hacer cumplir la ley y proteger a los trabajadores estadounidenses. Sin embargo, la expulsión de personas que laboran en sectores como la agricultura, la construcción y los servicios puede disminuir la disponibilidad de mano de obra y aumentar los costos de producción. En ciertas circunstancias, esos costos pueden trasladarse a los precios que los consumidores deben pagar.

El efecto no es automático ni uniforme en todos los sectores, pero introduce una contradicción en el mensaje republicano: una política que se presenta como una respuesta a las dificultades económicas puede, en realidad, agravar algunas de ellas si provoca escasez de trabajadores o interrupciones en actividades que dependen de la mano de obra inmigrante.

A esto se añaden las inquietudes relacionadas con los aranceles, el sector energético y los recortes a ciertos programas de asistencia sanitaria y alimentaria mencionados en la información proporcionada. Para los votantes que esperaban una mejora inmediata en su situación económica, la acumulación de presiones financieras podría tener un peso mayor que las promesas de una política estricta en la frontera.

Los demócratas están intentando capitalizar esta vulnerabilidad. En lugar de defender una política de fronteras abiertas —una caracterización que los republicanos utilizan para atacarlos—, varios de sus candidatos están abogando por el control fronterizo y la expulsión de individuos que cometan delitos, al mismo tiempo que cuestionan el coste, la legalidad y la efectividad de las operaciones implementadas por Trump.

Un ejemplo de esto es el candidato demócrata al Senado por Texas, James Talarico, quien se ha posicionado como un defensor de la seguridad fronteriza y ha criticado la gestión de Biden, mientras también pone en tela de juicio las medidas adoptadas por Trump. Este cambio de enfoque refleja un intento de reducir la ventaja que los republicanos tienen en el tema de inmigración sin dejar de denunciar los abusos.

El cambio de estrategia por parte de los demócratas es otro elemento que podría complicar los planes de los republicanos. Después de años en los que los candidatos del partido enfrentaron dificultades para justificar su gestión en la frontera, muchos han comenzado a utilizar un lenguaje más firme en torno a la seguridad y la necesidad de combatir la delincuencia.

Frank Sharry, un veterano activista y asesor del grupo Third Way, sostiene que los demócratas buscan evitar que los republicanos los definan como defensores de fronteras abiertas. Esta postura les permite criticar las deportaciones indiscriminadas sin que se les perciba como opuestos a la aplicación de la ley.

Por lo tanto, la disputa ya no enfrenta simplemente a un partido que apoya las deportaciones y otro que se opone a ellas. La batalla se centra cada vez más en los límites del poder estatal, las garantías legales, el trato a los ciudadanos y residentes legales, así como en la distinción entre perseguir delitos y convertir la condición migratoria en un motivo de sospecha generalizada.

La evolución del debate sobre la inmigración podría favorecer a los demócratas en distritos donde la competencia electoral es intensa, especialmente si logran aglutinar a votantes latinos descontentos, independientes preocupados por los abusos y electores que se sienten afectados por la situación económica. La movilización de familiares y amigos para votar anticipadamente, según diversos reportes, podría transformar este descontento en participación electoral efectiva.

Sin embargo, el resultado no está asegurado. La inmigración sigue siendo un tema prioritario para una parte del electorado republicano, y el temor a un posible regreso de las políticas de Biden podría seguir movilizando a quienes apoyan un endurecimiento de las medidas fronterizas. La efectividad de la estrategia de Trump dependerá de cuál de estas preocupaciones prevalezca en la campaña: la seguridad y el control migratorio o las repercusiones de la ofensiva en las comunidades estadounidenses.

El desgaste de Trump no implica que toda su coalición esté en crisis. Según los sondeos de Reuters/Ipsos mencionados, el apoyo al presidente entre los evangélicos blancos habría disminuido del 77% en enero de 2025 al 63% en octubre de 2026. A pesar de esta caída, este grupo sigue siendo uno de sus respaldos demográficos más sólidos.

Para muchos de estos votantes, las cuestiones culturales y religiosas —como el aborto, la identidad de género y una visión conservadora de la sociedad— tienen más relevancia que el descontento por los precios o la política migratoria. La defensa de fronteras estrictas también se alinea, para ciertos sectores, con una concepción más amplia de la identidad nacional.

Esta lealtad podría ayudar a los republicanos a mitigar sus pérdidas en estados y distritos donde los evangélicos blancos tienen una presencia significativa. No obstante, esto no elimina las dificultades que enfrentan otros candidatos republicanos en territorios competitivos, ni garantiza que la movilización de su base compense el posible retroceso entre los votantes independientes y latinos.

Las elecciones de medio término se presentan como una evaluación crucial de la habilidad de Donald Trump para mantener cohesionada una coalición que abarca grupos con diversas prioridades. Aunque el respaldo de los votantes más leales puede ser un pilar para el partido, el control del Congreso también depende de aquellos electores que son menos firmes en sus convicciones ideológicas y que son más receptivos a los resultados económicos y a la conducta del Gobierno. Esta situación se torna especialmente relevante en un contexto donde la economía y la política migratoria son temas candentes en la agenda pública.

La estrategia migratoria de Trump lo enfrenta a una paradoja política. El presidente busca evidenciar que está cumpliendo con una de las promesas más significativas de su campaña, pero la manera en que lo lleva a cabo podría socavar el apoyo necesario para mantener las mayorías republicanas en el Congreso. La criminalización generalizada de los inmigrantes podría fortalecer la cohesión de su base y reactivar los temores que lo llevaron a la victoria en 2024. Sin embargo, los incidentes fatales durante los operativos, las denuncias de abusos, el impacto en familias trabajadoras y las posibles repercusiones económicas amplían el espectro de votantes que cuestionan la extensión de esta política, lo que podría resultar en una pérdida de apoyo en sectores clave de la población.

El desenlace de esta situación dependerá de si los republicanos logran posicionar la inmigración como un tema de seguridad frente a los demócratas, o si los opositores a Trump consiguen enfocar la campaña en los excesos de la aplicación de la ley y sus consecuencias en la vida cotidiana. También será determinante la participación electoral: una base republicana altamente movilizada podría mitigar el efecto del descontento, mientras que un aumento en la participación de latinos, jóvenes e independientes podría cambiar el equilibrio en las contiendas más reñidas, afectando así el resultado final de las elecciones.

En estas elecciones, Trump no se limita a defender su enfoque sobre la migración; busca reavivarlo como el motor de su campaña. Sin embargo, cuanto más insiste en retratar a los inmigrantes como una amenaza, mayor es el riesgo para su partido de que los votantes evalúen no solo sus promesas, sino también el costo humano, social y económico de implementarlas. Esta dinámica podría resultar en un desafío significativo para los republicanos en su búsqueda de mantener el apoyo popular en un entorno electoral cada vez más competitivo.

Fuente original: France 24.