Lula evita protestar oficialmente contra Argentina por el viaje de Bolsonaro a EE.UU.

Luiz Inácio Lula da Silva calificó de “vergonzoso” el traslado de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos, pero no ha presentado una queja formal hacia el gobierno argentino ni hacia Javier Milei, quien aún no reconoce los resultados del balotaje.
Actualidad31/10/2026Cambio GlobalCambio Global

Flávio Bolsonaro ingresó a Argentina el martes 27 de octubre a las 22:50, a través del Puente Internacional Tancredo Neves, en Misiones, acompañado de su esposa e hijas. La Casa Rosada, a través del jefe de Gabinete, Diego Santilli, justificó la participación de organismos públicos y funcionarios argentinos en su traslado, argumentando que no existían impedimentos de Interpol. A las 23:30, el ex presidente abordó un vuelo privado de la empresa Baires Fly en Puerto Iguazú, con destino declarado a Guayaquil, Ecuador, y desde allí continuó su viaje hacia Miami. La Dirección Nacional de Migraciones confirmó que la familia contaba con documentación válida y que no había restricciones legales para su ingreso al país, lo que fue un punto clave en la defensa del accionar argentino.

El inconveniente surgió del lado brasileño, ya que el juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, había ordenado a Bolsonaro entregar sus pasaportes y le había prohibido salir del país debido a una causa por presunto lavado de dinero. La Policía Federal de Brasil informó que no tiene registro oficial de la salida de Bolsonaro del país, lo que genera dudas sobre la legalidad de su viaje. Durante un acto en Brasilia, Lula condenó la conducta de su rival político, afirmando que “quien sale escondido de su país, debe alguna cosa”, y calificó el episodio de “vergonzoso”. Sin embargo, en ninguna de sus declaraciones públicas atribuyó responsabilidad al gobierno argentino. Esta distinción es significativa, ya que una protesta formal contra Argentina podría llevar a una ruptura casi total de las relaciones diplomáticas, que ya se encuentran deterioradas desde agosto. En ese mes, Brasil retiró a su embajador, Julio Bitelli, tras los insultos de Milei hacia Lula en San Pablo, y solicitó la salida del diplomático argentino, Daniel Raimondi. La falta de una respuesta oficial de Lula podría interpretarse como un intento de evitar un mayor deterioro en las relaciones bilaterales, que ya se encuentran en un estado crítico.

Itamaraty, según información recabada, ha decidido no escalar el conflicto. Además, se prevé que se cursen invitaciones tanto a Javier Milei como a Donald Trump para la nueva asunción presidencial de Lula, programada para enero de 2027. Antes de que los cancilleres Pablo Quirno y Mauro Vieira se encontraran en Atlanta durante la cumbre del G20, el único paso formal conocido fue la convocatoria a Cortés. Este encuentro, que duró apenas unos minutos, se llevó a cabo con el embajador João Marcelo Galvão de Queiroz, quien es el jefe del Departamento de Mercosur. No se trató de una reunión con la cúpula del ministerio. Desde Brasilia, se describió el episodio como un “procedimiento diplomático de rigor”, y no como una reprimenda o protesta formal. Desde Estados Unidos, el canciller argentino indicó que “no hubo ningún pedido de información”.

Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas, caracterizó la postura brasileña como “una cautela muy estudiada frente al acto hostil del gobierno de Javier Milei”. Según Puricelli, Lula y el canciller Vieira han establecido desde 2022 una línea estratégica que busca preservar el vínculo bilateral en la mayor medida posible, incluso en ausencia de reciprocidad desde la Casa Rosada. “A esa línea estratégica se suma una consideración coyuntural: pasada la campaña electoral, no tiene utilidad siquiera marginal descender al nivel que propone Milei”, declaró a Infobae.

El Planalto e Itamaraty, añadió, se rigen por la máxima de no interrumpir a un adversario que se está equivocando: ignorar a Milei se convierte, en este contexto, en un efecto secundario de no interferir en el colapso político de Bolsonaro.

Los números del vínculo comercial ayudan a explicar, en parte, esta decisión. Según el último informe de Intercambio Comercial Argentino del INDEC, entre enero y septiembre de 2026, las exportaciones argentinas a Brasil alcanzaron los USD 9.789 millones, lo que representa el 12,7% de las ventas externas totales del país, y experimentaron un crecimiento del 4,5% en comparación interanual. Las importaciones desde Brasil, por su parte, sumaron USD 12.005 millones, aunque se registró una caída del 17% respecto al mismo período de 2025.

El déficit acumulado para Argentina fue de USD 1.687 millones, notablemente inferior a los USD 4.681 millones del mismo período del año anterior. En septiembre, que es el último mes disponible, el intercambio bilateral totalizó USD 2.662 millones, según datos proporcionados por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC).

El 64,5% de las exportaciones argentinas hacia Brasil corresponde a Manufacturas de Origen Industrial, siendo el sector automotriz el más destacado. Brasil, por su parte, representa el 21,4% de las importaciones argentinas y se posiciona como el principal comprador de productos nacionales. Una ruptura en las relaciones diplomáticas podría tener un impacto significativo en las cadenas productivas que se han integrado durante décadas.

En un estudio académico publicado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), Esteban Actis, investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), analizó que Argentina y Brasil han estado experimentando desde hace diez años un proceso de “desacoplamiento bilateral”. Este fenómeno se manifiesta como una doble brecha, tanto política como económica, que ha ido aumentando a medida que los gobiernos adoptaron posturas opuestas y los actores del sector privado comenzaron a diversificar sus relaciones hacia mercados fuera de la región, especialmente con China.

Actis concluyó que “los costos económicos y comerciales de un enfriamiento bilateral son cada vez menores, principalmente para Brasil”. Esta asimetría estructural forma parte del razonamiento que permite al Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, conocido como Itamaraty, mantener lo que el mismo estudio califica como “paciencia estratégica”.

Para algunos analistas, esta brecha ideológica tiene una dimensión que va más allá de la situación actual. El alineamiento de Javier Milei con Donald Trump y su apoyo implícito al bolsonarismo, en contraste con la relación de Lula con los gobiernos progresistas de la región y con China, otorgan a esta tensión una perspectiva que varios expertos interpretan como una guerra fría regional. Vítor Stuart de Pieri, profesor de Geopolítica en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, describió esta situación a Deutsche Welle. Según su análisis, el escenario más probable no es una ruptura total, sino una especie de guerra fría bilateral caracterizada por un escaso diálogo entre los presidentes, una retórica agresiva y una preservación pragmática de los vínculos económicos y burocráticos.

Puricelli también situó la respuesta de Lula en el contexto de la política interna brasileña. El presidente dejó entrever, a través de canales informales, su descontento con la decisión del juez Moraes de retener los pasaportes de Flávio Bolsonaro, lo que le permitió distanciarse de una medida judicial que la oposición podría utilizar como evidencia de persecución política. “Lula ya pasó de pantalla: su foco está puesto ahora en asegurarse de que las dos cámaras del Congreso queden en manos de los mejores interlocutores posibles del Centrão”, afirmó.

Tras la reunión de los cancilleres en el G20 de Atlanta, se prevé un segundo encuentro para la semana siguiente. La Trigésima Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno se llevará a cabo en Madrid los días 4 y 5 de noviembre. El presidente argentino, Javier Milei, asistirá a la cumbre en la capital española, mientras que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, no estará presente; en su lugar, Brasil será representado por el canciller Mauro Vieira. Esto podría facilitar un encuentro entre Milei y Vieira durante el plenario.

Mientras la diplomacia avanza a un ritmo lento, el caso está generando presión interna en Argentina. Desde el juzgado federal de Puerto Iguazú y en Comodoro Py, los fiscales han solicitado informes a diferentes organismos para esclarecer las circunstancias del ingreso de la familia Bolsonaro al país. La Dirección Nacional de Migraciones ha afirmado que la familia cruzó “con documentación hábil de viaje sin ningún impedimento legal para el ingreso al país”. El viernes, la Justicia de Misiones decidió archivar la denuncia presentada.

En el ámbito del Congreso, la oposición ha intensificado sus acciones en varios frentes. El bloque de Unión por la Patria ha acordado solicitar la interpelación del jefe de Gabinete, Diego Santilli, de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y del propio Quirno, en virtud del artículo 71 de la Constitución. Por su parte, el bloque de Provincias Unidas ha presentado un proyecto de interpelación dirigido a Quirno, que incluye un cuestionario de 91 preguntas. Entre estas preguntas se indaga si el asesor presidencial Santiago Caputo estuvo presente en el aeropuerto de Puerto Iguazú y si hubo alguna comunicación entre funcionarios argentinos y autoridades brasileñas.

En cuanto a la respuesta institucional formal del oficialismo brasileño, esta ha llegado a través de un canal partidario. La Comisión Ejecutiva Nacional del Partido de los Trabajadores (PT) ha aprobado una resolución política en la que se manifiesta preocupación por la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien se refirió a las elecciones en Brasil como “amañadas”. En el documento publicado en el sitio oficial del partido, se establece que “Brasil no aceptará que intereses extranjeros interfieran en su democracia, ni que disputas políticas sirvan de pretexto para desconocer la voluntad soberana del pueblo brasileño”.

El texto también califica la fuga de Flávio Bolsonaro como “la revelación de la gravedad del momento político” y describe su carta desde Miami como “un nuevo peldaño de la reacción autoritaria por parte de los derrotados en las urnas”. En este contexto, Argentina y Javier Milei no son mencionados en ningún párrafo del documento. En medio de esta situación, Lula decidió realizar un gesto que acentúa el contraste con Milei. Tras su reelección, el presidente brasileño respondió públicamente al saludo del expresidente argentino Mauricio Macri, recordando “los tiempos en que las diferencias circunstanciales entre nuestros países se discutían y resolvían de manera civilizada y republicana”.

En relación a la política local, Axel Kicillof, tras solicitar la implementación de una PASO, convocó al Partido Justicialista (PJ) de la provincia de Buenos Aires, reabriendo así la disputa con Máximo Kirchner. El Consejo Provincial se reunirá el 4 de noviembre para avanzar con el llamado al Congreso partidario, en medio de las diferencias existentes sobre la integración de sus autoridades y la Junta Electoral.

Durante su visita a Argentina, León XIV presentará su perspectiva sobre la pobreza, el desarrollo y la educación, cuestionando los planes de ajuste. El Papa rendirá homenaje al legado de Francisco e insistirá en su propósito pastoral de construir puentes entre diferentes bloques políticos, en un momento de tensión social debido a la crisis económica.

En cuanto a la relación entre Milei y Brasil, se observa una política exterior sectaria, tensiones internas y un cierto despiste regional. El Gobierno parece actuar como si se tratara de ajustar cuentas políticas personales con Lula da Silva, mientras que el escape de Flávio Bolsonaro también es expuesto. Patricia Bullrich y sus aliados han mostrado un juego propio, destacando la diferencia con la mayoría de los presidentes de derecha en la región.

Las diferencias del Gobierno con sus aliados en la Cámara de Diputados están retrasando las negociaciones por el Presupuesto 2027. El oficialismo se ha visto obligado a ajustar su cronograma y ahora espera obtener la media sanción el 25 de noviembre. Los bloques dialoguistas han afirmado que “todo está muy verde” y reclaman respuestas concretas a sus demandas.

En el camino hacia el 2027, el PJ está avanzando con mayor rapidez para organizar el proceso electoral. Existen diferencias en la CGT respecto a la cumbre en la Casa de La Pampa, así como una estrategia en marcha para defender las PASO.

Fuente original: Infobae Política.