La crisis argentina y su paralelismo con la política estadounidense
Cambio Global


Argentina continúa lidiando con problemas estructurales que se ocultan tras una crisis permanente, caracterizada actualmente por una estrategia antiinflacionaria que ha demostrado ser poco efectiva. Esta estrategia se basa en la generación de recesión, la desindustrialización y la caída de los ingresos de la población. En este contexto, las preocupaciones urgentes parecen eclipsar las cuestiones fundamentales, planteando interrogantes sobre el verdadero significado de la inflación, los salarios y el concepto de "llegar a fin de mes". Además, se destaca la incomprensión del presidente sobre temas que no se pueden abordar de manera literal.
En Estados Unidos, el vicepresidente J. D. Vance ofreció una de las explicaciones más claras sobre el fenómeno del bluenami, señalando que el problema no radicó en la falta de participación de los votantes trumpistas en las elecciones de 2024, sino en su frustración, que los llevó a optar por el Partido Demócrata. Vance afirmó: "Nuestro mensaje económico no fue lo suficientemente afilado". Asimismo, atribuyó la derrota a la prolongación del conflicto con Irán, que ha durado más de ocho meses, considerándolo como la razón "obvia" de los resultados adversos. Siguiendo su razonamiento, se podría argumentar que la resistencia de Irán ante los bombardeos israelo-estadounidenses y las significativas pérdidas humanas y materiales posiciona a Teherán como el verdadero ganador de las elecciones intermedias.
Según lo que Vance relató sobre sus conversaciones con analistas republicanos, las prioridades de la base de votantes se centraban en, en primer lugar, poner fin a la guerra, luego "enfocarse en el costo de vida-inflación", "poner a Estados Unidos primero" y, de manera sugestiva, "cambiar nuestra relación con Israel". Ante este desmarque, Donald Trump intentó mostrar coincidencia con el argumento presentado por Vance en una breve declaración, aunque reafirmó su decisión estratégica de evitar que Irán obtuviera acceso a armas nucleares.
Trump se adhirió tanto a esta línea de pensamiento que, horas antes de que se revelara la magnitud de la derrota republicana, que será difícil de revertir en el Capitolio incluso en las elecciones de 2028, tomó una decisión sorprendente y de gran relevancia geopolítica: el corte inmediato de ayudas militares a Israel por un monto de 3.800 millones de dólares, justificando que "ellos ya no la necesitan". Esta acción plantea la interrogante sobre si se está reavivando la promesa de "America First".
Hablar de la guerra en el Golfo, la inflación, la prioridad nacional y la influencia israelí en conflictos bélicos se puede resumir en un aspecto fundamental: la importancia de las condiciones de vida materiales. Donald Trump había prometido abordar esta cuestión al ser elegido hace dos años, en un momento en que Joe Biden enfrentaba las repercusiones de la inflación generada por la expansión monetaria durante la pandemia. Sin embargo, Trump no cumplió con su promesa y eso tuvo consecuencias.
Además de la guerra en el Golfo, otras decisiones erróneas también afectaron su compromiso. En primer lugar, los aranceles impuestos al inicio de su administración resultaron inflacionarios, ya que encarecieron los productos importados y, al mismo tiempo, validaron precios más altos para los productos de los competidores estadounidenses. En segundo lugar, el fracaso de Trump en poner fin al conflicto entre Rusia y Ucrania —una de sus promesas de campaña fue resolverlo en un día— también contribuyó a la inflación, al mantener la tensión en el mercado energético debido al boicot internacional al régimen de Vladímir Putin.
Asimismo, la guerra en Oriente Medio exacerbó la inflación al desestabilizar aún más el precio del petróleo, lo que llevó a un incremento del 40% en el costo de la nafta desde finales de febrero, así como un aumento superior al 60% en el precio del gasoil, esencial para la logística de la economía y la actividad agrícola. Finalmente, la persecución de inmigrantes llevada a cabo por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) también impactó en sectores como la construcción, que dependen de mano de obra que se vio obligada a ocultarse para evitar la separación de familias, la violencia y la deportación.
En relación con la verdad sobre el asesinato de Renee Nicole Good a manos de un agente del ICE, Michael de Adder, en The Globe and Mail de Canadá, ofrece una mirada crítica. Por su parte, Vance se opuso a una amnistía para los inmigrantes indocumentados, pero se mostró "abierto a la idea de que deberíamos cambiar la aplicación de la ley, enfocándonos más en las empresas que contratan mano de obra ilegal, por ejemplo". Esto sugiere que la cacería de inmigrantes no fue una estrategia efectiva.
"A la gente que está furiosa y quiere decir 'te lo dije': tienen razón, nos lo dijeron", reconoció Trump, lo que representa una notable autocrítica por su parte.
Afirmar que lo esencial es la economía de las personas no implica desestimar la influencia de otros factores, sino más bien ordenarlos según su relevancia. Por ejemplo, la obsesión de Benjamín Netanyahu por llevar a cabo su visión de un Gran Israel, en medio de una serie de conflictos, ha alejado a un electorado de origen árabe o musulmán, así como a aquellos que ya desconfían del impacto israelí en la política exterior. Esta situación fue mencionada por Vance.
Abdul El-Sayed, un médico musulmán de ascendencia egipcia, logró ser elegido senador por Michigan a pesar de haber enfrentado estigmas por su origen, sus críticas hacia Israel y su ideología de izquierda. En tono irónico, comentó: "Si el presidente no sabe mi nombre, simplemente puede llamarme 'senador'".
Las redadas llevadas a cabo por el servicio de inmigración y aduanas, que transformaron a estados como Minnesota en territorios militarmente ocupados, han generado un descontento significativo entre el electorado latino, que anteriormente había apoyado a los republicanos. Estas acciones provocaron muertes que aún no han recibido justicia.
Este descontento se evidenció en Texas, donde Gina Hinojosa, una hispana de 52 años, logró derrotar al republicano Greg Abbott, quien aspiraba a un cuarto mandato. A pesar de la inclinación conservadora del estado, la escasez de recursos y los intentos de Elon Musk de influir en la situación mediante donaciones millonarias para fortalecer al oficialismo y convertir la región en un nuevo Silicon Valley, pero con impuestos más bajos que en California, no fueron suficientes para asegurar la victoria de Abbott.
Aunque no se debe exagerar, el descontento puede tener un impacto significativo en la élite tecnológica.
De la misma manera que estos factores se subordinan a la primacía del metro cuadrado, lo mismo ocurre con las denominadas "batallas culturales". Es poco probable que estos temas sean de gran interés para Trump, quien se presenta como un libertino poco sensible a la narrativa tradicional de Dios, patria y hogar.
Al igual que Javier Milei en Argentina, Trump no fue elegido para imponer restricciones a las minorías de género, desmantelar programas de protección a las mujeres, atacar el lenguaje inclusivo, fomentar la xenofobia, despreciar a los periodistas, negar el cambio climático, propagar noticias falsas ni envenenar la convivencia democrática, sino para mejorar las condiciones materiales de vida. Incluso su retórica antiinmigrante de 2024 debe ser interpretada en este contexto.
Es posible que las "batallas culturales" resulten atractivas para ciertos sectores ideológicos. En el ámbito doméstico, por ejemplo, personajes como Agustín Laje y un reducido grupo de extremistas podrían estar interesados en estas disputas. Sin embargo, la tarea principal es diferente y esas luchas cobran relevancia cuando los gobiernos no logran cumplir con su verdadero cometido.
Afirmar que lo ideológico es secundario en el momento de votar también se aplica a las fuerzas opositoras. Por ejemplo, entre los demócratas que triunfaron el martes se encuentran progresistas, centristas y hasta figuras de tendencia cuasiderechista. La clave no reside tanto en la inclinación ideológica, sino en la capacidad de articular propuestas que aborden los problemas concretos de la mayoría y en la definición de perfiles claramente opositores. Analicemos tres casos representativos.
Un progresista que ha sido objeto de ataques financieros por parte del Comité Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel (AIPAC) es El-Sayed.
Un centrista que no convirtió a Texas en un estado completamente demócrata, sino en uno morado, es el senador electo James Talarico. Este seminarista presbiteriano llevó a cabo una campaña "tercerista", denunció discursos de odio y, al celebrar su victoria el martes, se dirigió al público desde un atril que decía en la parte frontal: "Amarás a tu vecino".
Otra declaración notable proviene del próximo senador, quien expresó: "Los milmillonarios que son dueños de los algoritmos de las redes sociales, que son dueños de las cadenas de noticias, que son dueños de los políticos que se pelean en las pantallas, quieren que nos agarremos del cuello unos a otros. Quieren que miremos a la izquierda y a la derecha en lugar de mirar hacia arriba, hacia ellos. La verdadera pelea en este país no es izquierda contra derecha, es arriba contra abajo. Están destrozando nuestra salud, nos están subiendo los impuestos a todos, mientras se los recortan a ellos mismos". ¿Se le puede catalogar como progresista o realista?
Por otro lado, una figura cuasiderechista es la gobernadora electa de Ohio, Amy Acton, quien también logró un sorprendente triunfo. Consciente del perfil de los votantes de su estado, llegó a proponer una colaboración entre las autoridades locales y los oficiales de ICE.
Aunque los valores son importantes, en circunstancias más o menos normales, cuestiones como la malversación de fondos, la violencia verbal y las violaciones a las libertades y a la separación de poderes se convierten en problemas políticos cuando la situación económica es adversa.
La corrupción, la megalomanía, el premio a la adulación, la agresión como supuesta marca de autenticidad y hasta los desbordes emocionales más sugestivos son minimizados como simples "formas de ser" cuando el metro cuadrado va bien o, al menos, cuando persiste la expectativa de que mejore. Sin embargo, cuando ocurre lo contrario o esa esperanza se extravía, lo que ayer divertía empieza a irritar.
Lo sucedido en Brasil, Israel y Estados Unidos demuestra que la ola ultra está lejos de ser imparable y que puede hacer agua cuando falla en mejorar desde el gobierno las condiciones de vida o, desde la oposición, en dar con una narrativa que haga verosímil esa expectativa. Basta con todo eso; ahora empieza el turno de la Argentina.
El país de Milei es recesivo y, aunque pronto se salga de ese estado desde lo técnico, seguirá siendo LED, de bajo consumo. Tal es la marca del modelo. La inflación seguirá siendo un hueso duro de roer; el dólar, la maldita polémica de cada día; una reorganización del peronismo, una acechanza y las fragilidades evidentes del plan económico, un motivo de disparada casi cotidiana del riesgo país.
El Presidente tiene casi un año para intentar algo diferente, pero carga con una tonelada de dogmas, una emocionalidad que lo hace inhábil para el cargo que ocupa y un entorno más ocupado en hacer servilismo que en ayudarlo. Mientras, el gusanito de la insatisfacción comienza a carcomerles la panza a millones de argentinos.
Fuente original: Letra P Economía.

